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martes, 2 de julio de 2013

Una obra Indigenista

EL SUEÑO DEL PONGO

(Jose Maria Arguedas)

Esta obra empieza con un siervo indio que se dirige a la casa hacienda para cumplir su turno de pongo. Era un hombrecito con ropas viejas. Con verle, el patrón, se burló de su aspecto y de inmediato le ordenó hacer la limpieza. El pongo se portaba muy servicial; no hablaba con nadie; trabajaba callado y comía solo.

El patrón tomó la costumbre de maltratarlo y fastidiarlo delante de toda la servidumbre, cuando se reunían de noche en el corredor de la hacienda para rezar el Ave María. El patrón obligaba al pongo a que imitara a un perro; el pongo hacía todo lo que se le ordenaba, lo que provocaba la risa del patrón, quien luego lo pateaba y lo revolcaba en el suelo. Incluso los demás siervos no podían contener la risa al ver tal espectáculo.

Y así pasaron varios días, hasta que una tarde, a la hora del rezo habitual, cuando el corredor estaba repleto de la gente de la hacienda, el pongo pide  a su patrón permiso para hablar. El patrón, asombrado de que el hombrecito se atreviera a dirigirle la palabra, le dio permiso, curioso por saber qué cosas diría. El pongo empezó a contar al patrón lo que había soñado la noche anterior: y empezó a relatar que  ambos habían muerto y se encontraron desnudos ante los ojos de San Francisco, quien examinó los corazones de los dos. El santo ordenó que viniera un ángel mayor acompañado de otro menor que trajera una copa de oro llena de miel. El ángel mayor, levantando la copa, derramó la miel en el cuerpo del hacendado y lo bañó con ella desde la cabeza hasta los pies. Cuando le tocó su turno al pongo, San Francisco ordenó al ángel viejo que bañara el cuerpo del pongo con el excremento que había en una lata que el ángel tenia. Entonces, el ángel viejo, sacando el excremento de la lata, lo untó en todo el cuerpo del pongo, de manera tosca.
Hasta allí parecía que esa era la justa retribución de ambos y así creyó entender el hacendado, que escuchaba atento tal relato. Sin embargo, el pongo advirtió rápidamente que allí no terminaba la historia, sino que San Francisco, luego de mirar fijamente a ambos, ordenó que se lamieran el uno al otro, en forma lenta y por mucho tiempo. El viejo ángel rejuveneció y quedó vigilando para que la voluntad de San Francisco se cumpliera.

lunes, 1 de julio de 2013

Recomendar El Tungstenos

EL TUNGSTENO
(Cesar Vallejo)
Esta obra empieza cuando la empresa norteamericana MiningSociety se adueña de las minas de tungsteno de Quivilca, situada en el departamento del Cuzco.La gerencia de esta empresa dispone acelerar la extracción del mineral. Así que decide empezar el reclutamiento de peones y empleados indios para las labores mineras. El primer grupo de estos parten de Colca, junto con algunos poderíos de la empresa, algunos de estos  indígenas se habían mantenido hasta entonces alejados de la modernidad.